Hola, soy Mar Herrero,
Nací en Valladolid, vivo en Bilbao y tengo alma creativa, que es una forma elegante de decir que siempre he necesitado imaginar cosas para estar bien.
Durante muchos años trabajé como directora de arte e ilustradora en mi propia empresa de comunicación. Vivía rodeada de marcas, proyectos, plazos imposibles y esa adrenalina constante que parece creatividad, pero muchas veces es solo estrés bien vestido. Colaboraba con agencias, estudios y empresas donde todo era urgente y casi nada podía esperar.
Aprendí a resolver, a sostener equipos y a crear bajo presión. Y también aprendí algo importante: qué quería realmente para mi vida.
Quería una vida con espacio y con alma. Levantarme por las mañanas con ilusión. Volver a algo que había sido mío desde siempre, aunque entonces no supiera nombrarlo. Con el tiempo entendí que lo que quería era volver a mí.
Mientras tanto, el día a día en la empresa era una cadena de entregas, llamadas fuera de hora y proyectos que lo ocupaban todo. Cumplía, respondía, funcionaba… y, sin darme cuenta, me iba vaciando por dentro. Era una vida muy activa y muy poco habitable.
Hasta que el cuerpo intervino.
El cuello se me quedó completamente rígido, como si todo lo que no estaba diciendo hubiera decidido quedarse ahí. Estaba agotada. No en plan dramático. En plan real. Fue un regalo oscuro, de esos que no se piden. Pero ya sabes: por las grietas entra la luz. Y yo decidí mirar por ahí.
Y ahí apareció el mindfulness…
A partir de entonces empecé a explorar otras formas de estar en el mundo. No como un proyecto de mejora personal, sino como una necesidad bastante básica: vivir con más verdad.
Me formé como coach de vida con enfoque ontológico, donde aprendí algo fundamental que todavía sostengo hoy: escuchar de verdad transforma. Más tarde llegó el mindfulness, de la mano de Diana Prieto, y después la formación como instructora de MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction) con Andrés Martín Asuero y Teresa Oller, siguiendo el protocolo desarrollado por Jon Kabat-Zinn.
También estudié estrés, ansiedad y depresión con Bonifacio Sandín, porque necesitaba entender —con rigor— qué nos pasa cuando el cuerpo dice basta.
Llevo más de 2.000 horas de práctica meditativa, sigo en contacto con mis maestros, participo en una sangha de instructores y hago retiros de silencio cada año. No porque quede bien decirlo, sino porque es la única forma que conozco de no perder el norte.
Con el tiempo, lo que empezó como algo íntimo se convirtió en vocación: acompañar a otras personas en sus propios procesos de cambio, sin fórmulas mágicas y sin promesas raras.
Este espacio
Un espacio seguro nació desde ahí. No como una gran idea ni como un plan especialmente ambicioso. Más bien como la necesidad de tener un lugar habitable. Un sitio al que poder volver cuando todo fuera demasiado. Donde parar un momento, escuchar el cuerpo y bajar un poco el volumen del mundo, que a veces suena demasiado alto.
Aquí comparto meditaciones guiadas, algunas cartas y reflexiones sobre el cuerpo, las emociones, los vínculos, el autocuidado. Como una forma de acompañar. De estar un poco más cerca. De volver a casa con más amabilidad.
No hay requisitos especiales para estar aquí. A veces basta con sentarse un momento y ver qué pasa. O no ver nada. También está bien.
Si estás aquí
Quizá no sea casual. Tal vez llevabas tiempo necesitando una pausa o un lugar donde no tener que sostener nada.
Bienvenida a Un Espacio Seguro.
Un lugar para descansar, sentir y volver al cuerpo.
Con cariño,
Mar
🌿 Aquí encontrarás:
— Meditaciones guiadas para volver al cuerpo
— Cartas íntimas sobre emociones y vínculos
— Un lugar sin prisa para estar contigo
🎧 Puedes escuchar el podcast aquí:
Un Espacio Seguro – en Spotify
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